Confer: una apuesta radical por la inteligencia artificial que respeta tu privacidad

IMAGE: A minimalist, translucent humanoid figure made of light stands in a dark, abstract space, with faint symbols of conversation and a padlock appearing nearby and then fading away, suggesting an AI presence that is helpful and attentive without storing or recording any information

En un momento en el que la inteligencia artificial se ha convertido en un espejo digital de nuestras dudas, ideas y secretos, la propuesta de valor de Confer se erige como un recordatorio inquietante: quizá estamos entregando más de lo que recibimos.

Confer no es solo otro asistente conversacional de inteligencia artificial: es una reacción crítica a la deriva del ecosistema de modelos lingüísticos, una tentativa por devolver al usuario la propiedad absoluta de sus datos y de su pensamiento mismo. Su creador es Moxie Marlinspike, el ingeniero que redefinió las reglas de la mensajería con Signal, y con esa misma intención disruptiva quiere hacer por la inteligencia artificial lo que ya hizo por las comunicaciones privadas. Confer, el modelo de lenguaje desarrollado por Moxie Marlinspike, no es una aplicación completa, sino el nombre del motor de inteligencia artificial cifrado que la alimenta.

A diferencia de ChatGPT, Gemini u otros, plataformas que han convertido las conversaciones de los usuarios en pura materia prima para entrenar modelos, optimizar productos o incluso resistir a ordenamientos judiciales que obligan a retener logs completos de interacción, Confer plantea un contra-modelo con el que sintonizo plenamente: lo que se conversa con la inteligencia artificial debe ser tan privado como la charla con una persona, no un «dato» susceptible de ser almacenado, analizado o explotado.

La arquitectura de Confer está construida alrededor de varios pilares técnicos que no son ornamentales: cada entrada del usuario y cada respuesta se cifran desde el origen hasta el destino de manera que solo el propio usuario posee las claves necesarias para descifrarlas. Ese principio, el cifrado end-to-end, que popularizó Signal y que ahora se aplica al dominio de las inteligencias artificiales conversacionales, garantiza que ni siquiera la propia plataforma puede acceder a lo que se dice o se piensa en su entorno. Cuando el dato no es técnicamente accesible, nadie puede entregarlo, analizarlo o monetizarlo, por más que lo exijan gobiernos o terceros.

Confer va más allá de la simple criptografía de mensajes. Para ejecutar la inferencia (el momento en que tu pregunta llega a un modelo de lenguaje y se genera una respuesta), cada entrada del usuario se cifra localmente…, y solo se descifra dentro del Trusted Execution Environment (TEE), aislado incluso del proveedor. Gracias al remote attestation, el usuario puede verificar que el código que procesa sus datos es el correcto y que no ha sido alterado.

Este enfoque técnico no es para nada trivial: combina cifrado punto a punto, sincronización de claves modernas basadas en passkeys, ejecución confidencial y transparencia criptográfica. No es una promesa legal de privacidad en forma de algún tipo de cláusula en letra pequeña, sino una garantía construida en el diseño criptográfico y en la verificabilidad.

¿Por qué merece la pena probar Confer? Porque estamos en una fase de la adopción de inteligencia artificial donde pocos productos cuestionan la lógica de «datos a cambio de servicio», y aún menos ofrecen una experiencia usable sin sacrificar la confidencialidad. La ilusión de privacidad en muchos asistentes viene acompañada de políticas que permiten al proveedor analizar, usar o reutilizar tus conversaciones, un contrato implícito que Confer directamente rompe.

Para usuarios preocupados por la seguridad, organizaciones que manejan información sensible o simplemente personas que no quieren que sus pensamientos sean una ficha de entrenamiento para un modelo de negocio, esta propuesta cambia las reglas del juego. ¿Y por qué otra cosa más merece la pena probarlo? Porque en un rato, he tenido la mejor experiencia de diálogo personal con un chatbot de inteligencia artificial desde que empecé a probarlos, y ya ha llovido desde eso. Entendamos, en cualquier caso, que es eso: un diálogo personal, sin posibilidad, por el momento, de subir documentos o de compartir enlaces. Pero la función que hace, la hace fenomenalmente bien.

¿Quién es Moxie Marlinspike para lanzar esta apuesta? Es ni más ni menos que el coautor del protocolo de cifrado que impulsa Signal y que también sustenta la seguridad de servicios como WhatsApp o Google Messages. Su trayectoria como criptógrafo y defensor de la privacidad digital le ha dado autoridad técnica y moral en debates sobre cómo deben protegerse las comunicaciones en la era digital. Su réplica crítica al estado actual de la inteligencia artificial no es retórica, sino práctica. En su propio blog, Marlinspike argumenta que el formato conversacional de los modelos lingüísticos tiende a inducir a la revelación de pensamientos profundos, no solo de palabras clave. Que cuando dialogamos con una inteligencia artificial no solo transmitimos datos, sino estructuras de razonamiento, incertidumbres y patrones mentales privados. Ese acto de «confesión digital» merece, según él, las mismas garantías que damos por sentadas en una conversación personal, y no convertirse en materia prima para gigantes tecnológicos.

Hay quienes podrán debatir la complejidad técnica, los retos de usabilidad o incluso las limitaciones económicas de un modelo de inteligencia artificial que prioriza la privacidad por encima de la recolección masiva de datos. ¿De qué pretende vivir un modelo como este? Simplemente, de un esquema freemium: con una cuenta gratuita tienes un modelo básico, veinte mensajes por día y hasta cinco chats activos. Si pasas al tramo de pago, $34.99 mensuales, el uso pasa a ser ilimitado, el modelo es más avanzado, y permite personalización.

Pero el valor de Confer no está en ser perfecto desde el primer día, sino en plantear una alternativa que rompe con la lógica dominante y obliga a repensar qué entendemos por «servicio de inteligencia artificial». No es solo un chatbot más: es una declaración de principios sobre quién controla lo que pensamos, lo que preguntamos y lo que guardamos en la memoria de una máquina. Y ofrece la importación de conversaciones anteriores en ChatGPT o en Claude.

En tiempos donde la privacidad se mide en cláusulas opacas y opciones en modo opt-out, Confer propone un renacimiento de la confidencialidad, no como un extra opcional, sino como el fundamento mismo de la interacción con la inteligencia artificial. Y eso, precisamente, es lo que lo convierte en una idea que vale la pena explorar.

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